3/9/08

el cine y los derechos de autor

En realidad, la mayoría de las películas no tienen derechos de autor porque sus autores ya murieron, lo que se pagan son derechos de explotación, económicos, de lucro, de las empresas que las comercializan. El ánimo de lucro es legítimo hasta un punto, pero el arte no es un capricho ni una mercancia.
_Ahora, cuando alquilas una peli y la pones en la tele, empiezan acusando a la piratería del top manta y a las descargas de internet de los males económicos del cine e incluso te dicen que esos males podrían acabar con el propio cine. Se habla de los derechos de autor, de que la piratería es un delito y...
_Por partes, que no es todo lo mismo. El top manta, el pirateo de una película que se copia y se vende a un precio mucho inferior, más que un delito es una falta de vergüenza absoluta, y debe ser perseguido porque es aprovecharse del trabajo ajeno para el beneficio propio. Hay que decir que si el top manta, como el multimilllonario comercio de imitaciones, prospera es porque mucha gente quiere tener algo a un precio muy inferior a lo que le tocaría pagar. Siempre va a existir el pirateo, y no sólo en el cine, porque hay un mercado potencial de gente que quiere comprar las cosas más baratas de lo que realmente valen, e incluso presumir de lo que no pueden permitirse en realidad. Pero de cualquier forma, como cambiar esa inmadurez no minoritaria de tanta gente es más difícil que imposible, el pirateo debe ser perseguido e intentar hacer ver a la gente lo que significa comprar en el top manta: el fomento de unas mafias que se aprovechan del trabajo ajeno con una desfachatez impresionante. Y no se mueven céntimos en ese negocio inmoral. El pirateo como negocio es un fraude que debe ser perseguido policialmente, y a la gente se le tiene que hacer ver que el pirateo existe porque hay gente que compra en el top manta. Yo nunca he comprado ni compraré en el top manta.
_Otra parte: las descargas de internet. En las descargas de internet suele haber un completo desinterés económico, no hay ánimo de lucro, no hay un beneficio económico a costa del trabajo ajeno, y la obra de cine, de arte si es buen cine, llega gratis sin pasar por taquilla. En esto no hay ninguna inmoralidad porque si el cine es un arte (el séptimo según dicen, el octavo según yo creo porque la fotografía es el séptimo, que apareció antes) el arte es un derecho y no se paga por un derecho. El arte debería ser del dominio público, otra cosa es la posesión de objetos artísticos. En mi opinión todo el mundo tiene derecho, como así sucede en las bibliotecas, al acceso a la cultura gratuitamente. Lo que no tiene derecho todo el mundo es a la posesión física de una obra de arte, quien quiera no conocer sino poseer sí que debe pagar el dinero correspondiente. También hay que decir que bastantes descargas de internet son un aliciente comercial en la venta de productos cinematográficos, por no hablar de la cantidad de material no editado que internet ofrece, sin incumplir la ley y sin cumplirla tampoco. Pero una cosa es la ley y otra es la justicia.
No es justo que alguien saque un beneficio económico del cine copiando películas y vendiéndolas, pero no es injusto que alguien comparta películas, ya sea prestándoselas a un amigo o compartiéndolas en la red. Como no hay ánimo de lucro sino de compartir y abrir puertas, de dar la oportunidad de conocer, es completamente lícito, y la ley puede decir lo que quiera que una ley que prohibiera la oportunidad de compartir y de conocer sin mediar el dinero sería capitalista, antidemocrática y muy injusta.
_Por otra parte, con el asunto de los derechos de autor hay muchas injusticias pues se usa como excusa para cobrarnos a todos indiscriminados e injustos cánones cada vez que compramos soportes videográficos, informáticos o incluso material informático. Es una vergüenza que cuando uno se compra un cd para grabar sus cosas esté pagando a las grandes corporaciones sin venir a cuento. Además, ¿de verdad existen los derechos de autor o son los derechos de las grandes corporaciones?. Los autores reciben un porcentaje a menudo muy pequeño del beneficio de la obra y suelen carecer de capacidad legal para opinar sobre su posterior comercialización. Y cuando los autores ya murieron, ¿dónde están los derechos de autor?. Las populares y muy rentables películas de la factoría Disney, ¿a quién de sus fallecidos autores está pagándole derechos de autor?.
_Yo estoy a favor de los derechos de autor, sí, que el dinero de los beneficios llegue a los autores mientras estén vivos, y una vez muertos que las obras sean del dominio público, como todo el repertorio musical clásico. Una cosa son los derechos de autor y otra el ánimo de lucro, cada vez más insaciable, de las grandes compañías que nos están haciendo pasar su deseo de ganar más dinero por la defensa de los derechos de autor. Que ganar más dinero está bien pero hasta un punto, y ese punto la industria del cine (a menudo vampírica) lo está sobrepasando, tanto en el precio de las entradas en el cine, como en el precio al que se venden las películas para su explotación en los videoclubs, como en los cánones abusivos que impone a todo el mundo, le guste el cine o no. Por no hablar de las tácticas de venta de películas en bloque a los propios cines y más trucos de dudosa moralidad por decirlo suavemente que en la industria del cine llevan existiendo desde que Edison contrató pistoleros para que el cine fuera su monopolio. No nos engañemos, el cine es ante todo un negocio de muchos muchísmos ceros, y los autores suelen importar muy poco, digan lo que digan sobre la defensa a ultranza de los derechos de autor.
_Resumiendo, el top manta es un delito y una vergüenza y debe ser denunciado y perseguido; las descargas de internet son perfectamente lícitas si son gratuitas porque son un medio de conocer sin poseer, y tenemos derecho a conocer (yo no veo el cine como un entretenimiento sino como un medio de expresión humana); los cánones que se nos están cobrando son de vergüenza y una gran injusticia, estamos pagando justos por pecadores; los derechos de autor que les lleguen de verdad a sus autores, y que tengan capacidad de decidir sobre sus obras, pero que una vez fallecidos sus autores las obras pasen a ser del dominio público.
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